sábado, 12 de abril de 2014

El Tazón De Madera



Un anciano se fué a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, 
ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y 
la vista enferma del anciano hacía el alimentarse un asunto difícil.
Los guisantes caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, 
derramaba la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación. 
-Tenemos que hacer algo con el abuelo, dijo el hijo. 
-Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo.
Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. 
Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. 
Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en 
un tazón de madera.De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo
 y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. 
Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran frías llamadas 
de atención cada vez que le caía el tenedor o la comida.El niño de cuatro años 
observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que 
su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.
Le preguntó dulcemente: -¿Qué estás haciendo?
Con la misma dulzura el niño le contestó: 
-Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que 
cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.
Sonrió y siguió con su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.
Ambos padres se quedaron tristes y pensativos y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el marido tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta 
a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. 
Y por alguna razón, ni el marido ni la esposa, parecían molestarse más cada vez 
que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan 
sus mentes procesan los mensajes que absorben.
Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros 
de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.
Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con 
los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.
He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: 
un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.
He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, 
los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.
He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.

La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir.

3 comentarios:

  1. Hermoso mensaje si pudiéramos hacer conciencia de ello gracias Dios los bendiga

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  2. gran lección, amemos a nuestros mayores.

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